En el ańo 2011, la Administración Obama avisó de un cambio en política exterior del Gobierno de los Estados Unidos en cuanto a concentrar su atención política y militar sobre la región Asia-Pacífico, particularmente en el sureste asiático, en concreto hacia China. Esta nueva maniobra política, fue justificada por el Gobierno norteamericano bajo la premisa de “giro estratégico”.

Este “giro estratégico” viene impulsado por el surgimiento de China como nueva potencia económica mundial, que ha demostrado que posee intereses propios en su periplo de llegar a lo más alto de la política hegemónica mundial. En próximos ańos, se espera que China sea la mayor potencia económica del mundo, por delante incluso de EE.UU. Es por ello que el Gobierno de los EE.UU. ha adoptado una nueva posición defensiva en la región del Pacífico, intentando tener bajo control al gigante asiático chino mediante el posicionamiento de fuerzas militares alrededor del país del Sol naciente.

Según las últimas cifras arrojadas por el Gobierno de los EE.UU., su montante económico destinado a sufragar los gastos derivados del equipamiento para defensa y demás inversiones armamentísticas, lejos de reducir en cuantía, ha ido aumentando progresivamente gobierno tras gobierno desde que se pusiese fin a la Guerra Fría hace ya más de 20 ańos. No obstante, es el Departamento de Defensa de los EE.UU. quien mayor gasto económico reviste en comparación con el resto de organismos nacionales encargados de las defensas de sus respectivos países a lo largo del mundo. Esta estrategia militar con constancia en el tiempo, ha llevado a que sea el ejército de los EE.UU. el de mayor potencia militar (convencional: gasto militar anual, armamento y militares activos) del mundo.

Trato a parte se merece el arsenal nuclear que en la actualidad poseen distintos países, entre los que destacan Rusia y Estados Unidos (con 16.000 y 8.000 cabezas nucleares activas respectivamente según el Boletín de los Científicos Atómicos), habiéndose reducido notablemente el número de cabezas nucleares a partir de lo establecido en el Tratado de No Proliferación (TNP) de armas nucleares, del que los países mayormente armados (Rusia y EE.UU.), son firmantes. Países de los que no existe confirmación oficial del número de cabezas atómicas, pero que se sospecha fielmente que poseen armamento nuclear desarrollado, son Israel, Pakistán y Corea del Norte (este último se retiró del Tratado de No Proliferación). Aunque sobre la capacidad atómica de Israel, se sospecha que pueda albergar entre 200 y 500 cabezas nucleares activas.

Es por ello, que países miembros de la OTAN, bajo sugerencia del Gobierno de los EE.UU. cuando estaba en el cargo George W. Bush, llevan algunos ańos desarrollando un escudo antimisiles que tiene como principal objetivo interceptar y derribar cualquier ataque enemigo (entiéndase Corea del Norte e Irán, pero con claras intenciones de defensa de una posible amenaza china y/o rusa) que emplee misiles balísticos de largo alcance. Para ello, no solo EE.UU. posee todo un sistema de radares (móviles y fijos), lanzaderas y satélites para tal misión, sino que en muchos países de la OTAN ya se vienen desplegando sistemas de reconocimiento e interceptación de proyectiles que surquen su territorio (como ejemplo, Reino Unido, República Checa, Francia, etc.). A su vez, Rusia y China poseen misiles armados presumiblemente apuntando hacia su mayor enemigo, los EE.UU.

Todo este entramado político y militar tiene su traducción actual en la constante tensión que existe por el control de enclaves de gran importancia, como es el caso del Mar del Sur de China. Esta masa de agua rodeada por los Océanos Índico y Pacífico, alberga una serie de islas e islotes con una gran importancia desde el punto de vista económico (bajo sus aguas se encuentran grandes yacimientos petrolíferos) y comercial (debido a las rutas de navíos mercantes que surcan estas aguas). No obstante, son muchos los países implicados en diversos litigios y disputas por el control de las mismas y de las aguas que las rodean (tal es el caso de las Islas Spratly, de las que parte de ellas están en disputa por Brunéi, República de ChinaRepública Popular de ChinaFilipinasMalasia y Vietnam). Para China, el control de etas aguas es de vital importancia, debido a la dependencia energética que tiene este país, necesitando la libre circulación de barcos que traigan el preciado petróleo hasta las costas de Hong Kong, provenientes en su mayor parte del Golfo Pérsico. EE.UU. conoce esta debilidad del gigante asiático y conoce la importancia en el tránsito de estas rutas de enclaves estratégicos como son el Estrecho de Hormuz y el Estrecho de Malacca.

En esta línea, la Isla de Diego García, en el Océano Índico, territorio británico de ultramar, es un enclave estratégico para el ejército de los EE.UU., puesto que cuentan allí mismo con una base militar que sirve de control (debido a su situación central en el Océano) entre África, el Golfo Pérsico, India, Indonesia y Australia.

China, por su parte, también está llevando su particular tarea diplomática para establecer relaciones con otros países y que estos intercedan en la peculiar estrategia de control del Gobierno de los EE.UU. que presumiblemente va en contra de los intereses de China. Para ello, cuentan con importantes acuerdos comerciales con países de África, así como en países de Oriente Medio como Pakistán, donde ya habría construido una nueva base naval en el puerto de la ciudad de Gwadar. Como algunos analistas apuntan, todo esto ha propiciado que el Gobierno de Obama tenga más que un cierto interés en la situación política de países como Afganistán o Irak. La denominada “Primavera Árabe”, el revuelo social y la inestabilidad política de ciertos países de África y Oriente Medio (como Turquía, Egipto o Siria) induce a un conflicto intra-islámico que atańe a las relaciones entre estos y terceros países en cuanto al comercio de uno de sus más preciados bienes, el petróleo. La presencia estadounidense en muchos países de esta región, así como la tarea diplomática emprendida hace ya ańos con otros países que envuelven  la región del Pacífico (como Japón, Australia, Malasia, Singapore, Filipinas, India, …) pretende establecer un lazo de control estratégico a lo largo de Oriente Medio hasta el Mar del Sur de China, es lo que el propio Gobierno americano denominó “Collar de Perlas” (según el filtrado informe Marshall) que tiene como objetivo estrangular los intereses de China (así se desvelaba en dicho informe).

 

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